¿En qué mundo vivimos?
Leo que ocho de cada diez internautas prefieren quedarse sin
coche o sin pareja antes que sin conexión a la red. Esto se sabe
porque les han preguntado. Si me preguntaran qué prefiero perder, el coche, la
pareja o la conexión a la red, no sé si contestaría la verdad porque dudaría
que alguien pudiera hacer esa pregunta en serio. Pero cada persona es un mundo
y, a lo mejor, ese 80% de internautas tiene
una conexión a la red mejor que a la vida y la banda ancha hace que su pareja
le parezca estrecha. Hay más sexo en la red que en una vida normal, pero el
ordenador aún no permite una relación completa. Las incompletas son de
tecnología compatible, manual o digital. Por supuesto, una pareja es más que
sexo, y una relación personal, más honda y cierta que una virtual.
El coche es otra cosa. Con la conexión a internet llegas a
más sitios, en menos tiempo y más barato que con el coche, pero una cosa es
asomarse y mirar y otra estar allí. Pasa igual que con la pareja. Pero también
el coche está lleno de virtualidad. Tendemos a pensar que es mecánica y electrónica,
pero los vendedores saben que es fantasía. Por eso tantas veces la calidad, el
diseño, el precio y las prestaciones de un automóvil coinciden más con las
pretensiones del comprador que con los kilómetros que recorrerá el conductor.
No importa tanto el objeto real como esa conexión con el mundo virtual que se
produce cuando el propietario se sienta el volante y, antes de arrancar, se
hace más grande, más joven, más valiente, más guapo y más listo. Por eso hay tanto 4x4 que no ha pisado el monte, tanto
sedentario al volante de un deportivo, tanto descapotable con calvo al viento,
tanto...
Depositamos en los objetos y las herramientas mucho de lo
que no dan y los aplicamos según nuestras obsesiones y miedos… Todavía
estábamos fantaseando con los usos de las impresoras en tres dimensiones,
capaces de realizar piezas con volumen a partir de un diseño hecho por
ordenador, cuando ya han dado con el invento que les ha hecho mundialmente
famosas: Liberator, una
pistola creada para propagar las armas de fuego sin control de las autoridades.
Como está hecha por piezas y en plástico, parece salida de un sobre sorpresa de Montaplex, pero pone en manos de
cualquiera un instrumento mortífero, que tiene aspecto de pulverizador para
jardinería, pero funciona como las pistolas Derringer de un tiro que llevaban en la manga los tahúres
tuberculosos del Oeste.
Siempre estamos igual. La impresora 3D se pensó para
maquetas de arquitectos y se está utilizando en pruebas para ofrecer discos de
vinilo perfectamente reproducidos, vestidos, manos protésicas para niños (más
baratas porque se desechan al crecer)... Me había propuesto comprarme una
impresora 3D cuando se pudiera descargar el archivo de una tortilla de patata
perfecta, pero la investigación no va por ahí, y temo no estar vivo cuando sea
posible, porque España es uno de los países que más planos de la pistola ha
descargado. Dependerá de si seguimos especializados en descargar como piratas
para convertir nuestros soportes digitales en islas de tesoros o nos pasamos a
matar como asesinos.
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